La señora que había llegado al puerto luego de viajar varias
horas por el mar, durante todo su viaje era de las pocas
personas que no iban a misa, pero el domingo en la mañana cuando llegaron al
puerto italiano se puso una túnica, y sandalias, se había vestido así porque
había acordado usar buena ropa para ir a Roma. En su viaje había visto a un
muerto en el mar y le dio pesar por que nadie del barco intento que parara para
recogerlo. Cuando llego un policía le dijo que ya no era hora para que
estuviera en el barco y la señora Prudencia Linero le dijo que esperaba a una
persona importante de Italia que era amigo de su hijo, pero como el policía le
dijo que en verano todos las personas que Vivían allí se iban a las playas y el
consulado cerraba para no atender, tomo la decisión de irse y tomar un hotel.
Un carro la llevo al hotel cuando llego el portero le ayudó con su equipaje y
la llevo hacia el tercer piso, pero cuando Prudencia vio que en el tercer
piso estaban diecisiete ingleses
dormidos en las cillas de espera y se fue al otro, llego al quinto piso y se quedó
allí, este piso no contaba con comedor pero si tenían un convenio con una venta
donde los que habitaban allí podían ir a comer. Cuando llego a la venta vio a
un padre, que solo comía cebollas con un pedazo de pan, y a los camareros. El padre
se le acercó y le pido que le comidió un café y se pusieron a hablar de Italia,
estuvieran mucho tiempo hablando sobre Italia y sus problemas y cuando terminaron
ella se fue. Prudencia Linero le habló al cura sobre el muerto del mar que vio
mientras viajaba, pero el cura le dijo que no se preocupara que el señor
ya lo habían recogido y enterrado ya que
los del barco no intentaron nada por parar a recogerlo pero si avisaron al
pueblo. Cuando llego a donde estaba hospedada vio que había mucha gente y
varias ambulancias con carros de policías, muchos vigilantes con armas, intento
ver qué pasaba y vio que iban sacando
muertos a los ingleses que había visto durmiendo en el tercer piso.